Aunque la barbarie no quedó en ese punto ya que, poco después de que se finalizara su construcción, muchos de los reos fueron arrojados a las fauces de las bestias de los juegos. Su brutalidad pronto hizo aflorar el odio de los habitantes. Pero la tragedia quedó ensombrecida por la brutalidad que vendría después. A 146 años del nacimiento del primer presidente de Israel, Jaim Weizmann, Yad Latinok lamenta el fallecimiento de Jaim Charbit Yache Z”L, Comité Frutas y Verduras de Le Mazon lamenta el fallecimiento de Jaim Charbit Yache Z”L, Dime tu apellido judío y te diré de dónde vienes (versión idish), La gimnasta israelí Linoy Ashram gana oro en campeonato de Europa. ¡Has introducido una dirección de correo electrónico incorrecta! En este caso, sin embargo, no hubo pasos previos y el general plantó a sus tropas en las mismas puertas de Jerusalén. La cantidad de habitantes que había en la ciudad se deduce del censo elaborado en tiempos de Cestio». Y es que, 12.000 de ellos (20.000, según otras fuentes) fueron enviados a Roma para terminar de levantar el Coliseo con su trabajo. Durante la guerra Vespasiano se hizo patrón de Flavio Josefo, un líder de la resistencia judía, que en su trabajo La guerra de los judíos ofrece una visión cercana del futuro emperador y de su heredero Tito durante la guerra. En cuanto a la figura de Josefo, hay que diferenciar la consideración que se arroga él mismo como autor de la obra y como partícipe de los acontecimientos bélicos durante la rebelión judía. «Estaba terminando abril cuando Tito llegó a Jerusalén con la V Macedónica, la XII Fulminata y la XV Apollinaris, que de inmediato emprendieron la construcción de un vasto campamento al oeste de la ciudad. La mano de obra judía en la construcción del Coliseo romano. La mayoría de éstos eran judíos, pero no eran naturales de Jerusalén, puesto que se había concentrado gente de todo el país para la fiesta de los Ácimos, cuando de repente les sorprendió la guerra. Tal afrenta no fue pasada por alto. Al poco, los disturbios se generalizaron y, con ellos, comenzó la turbia relación entre estos dos pueblos. «A continuación llegó a Berito, una ciudad fenicia colonia de los romanos. Acababa de dar comienzo a una década de muerte. Como mucho, les «pareció un castigo menor». También añadió que los combatientes «dieron saco al templo» de la ciudad y «hurtaron muchas cosas» antes de prenderle fuego. [2] Originalmente fue escrita en arameo, el idioma materno de Josefo, aunque esta versión no se ha conservado. Así lo confirma, entre otros, el investigador español José María Zavala en su obra « Las páginas secretas de la historia»: «Vespasiano empezó a levantar el Coliseo en el año 69 de nuestra era, y Tito lo terminó doce años después. El historiador contempló el resurgir de la ciudad imperial luego del incendio de Nerón, y las grandes obras emprendidas por los Flavios, como el Coliseo, el Foro y … En 66 los judíos de la Provincia de Judea se rebelaron contra el Imperio romano. Se centra en la historia del antiguo Israel desde la conquista de Jerusalén por Antíoco IV Epífanes en el año 164 a. C. hasta el final de la primera guerra judeo-romana en el año 73 d. C. La obra fue escrita en un intervalo definido por los años 75 y 79, ya que Josefo menciona en la misma obra la dedicación del Templo de la Paz en el año 75,[1]​ así como que entregó una copia a Vespasiano, muerto en 79. Al final, no se le ocurrió otra cosa que arrojar a las aguas a varios reos judíos para comprobar si las habladurías eran verdad o no. Según el propio Josefo, Tito también sacrificó a más de 2.500 reos en los juegos que celebró tras la destrucción de Jerusalén, y un número indeterminado más meses después durante las fiestas romanas. La barbarie que las legiones romanas demostraron en el año 70 contra los judíos sublevados en Jerusalén asombró tanto al historiador Flavio Josefo, que este decidió dejar constancia de ella en sus escritos. Tal afrenta no fue pasada por alto. Es probable que, por entonces, no supiera que iba a sucederse una de las épocas más turbulentas del Imperio. La obra se divide en siete libros, como ya avanza el propio Josefo en el proemio. Y así quedó claro cuando, tras abandonar la urbe, se hizo recuento de los fallecidos (1.500 legionarios) y del territorio perdido (una buena parte de Judea). Pintaban mal las cosas para el Imperio. Los historiadores judíos han definido este episodio como una humillación sin precedentes para un pueblo que, ya en el año 63 a.C. fue obligado a tributar a Roma como uno de sus estados vasallos.
2020 vespasiano y los judíos